viernes, 18 de abril de 2025

Datación del Libro de Daniel

Canonización y Contexto





El presente artículo examina la posición del Libro de Daniel dentro del Canon Hebreo, analizando las razones de su inclusión en los Escritos en lugar de los Profetas, así como el contexto histórico y literario que rodea su canonización. Se explora la mención de un “Daniel” en Ezequiel 14:14, 20, las referencias en el Primer Libro de los Macabeos, y las teorías sobre la formación del canon hebreo, incluyendo la propuesta de H. E. Ryle sobre la canonización en tres etapas. Además, se considera el papel del llamado sínodo de Yamnia (ca. 90 d.C.) en la definición del canon, destacando las discusiones rabínicas sobre la canonicidad de ciertos textos, como se refleja en la Mishná.

Introducción

El Libro de Daniel ocupa una posición singular dentro del Canon Hebreo, no formando parte de los Profetas, como podría esperarse de un texto con contenido profético, sino de los Escritos (Ketuvim). Esta ubicación ha sido objeto de debate entre los estudiosos, quienes han analizado tanto las evidencias literarias como el contexto histórico de su composición y canonización. Este artículo busca esclarecer las razones detrás de esta clasificación, considerando el marco cronológico de la formación del canon y las discusiones rabínicas posteriores.

La mención de Daniel en Ezequiel y su identidad

El profeta Ezequiel, activo durante el exilio babilónico (siglo VI a.C.), menciona a un “Daniel” junto a Noé y Job en Ezequiel 14:14, 20, como ejemplos de justicia. Sin embargo, este “Daniel” aparece escrito sin la yud (letra hebrea), lo que ha llevado a cuestionar si se refiere al Daniel del libro homónimo. Prado (1943) argumenta que es improbable que Ezequiel cite a un joven contemporáneo suyo junto a figuras patriarcales como Noé y Job, sugiriendo que podría tratarse de un personaje más antiguo (Prado, 1943, pp. 177–178). Excavaciones en Ras-Samra (Ugarit) han revelado la existencia de un Danel, un juez mitológico de la antigüedad, lo que refuerza la hipótesis de que Ezequiel se refiere a esta figura y no al profeta de la tradición judía posterior.

Evidencia literaria en el Primer Libro de los Macabeos

El Primer Libro de los Macabeos, redactado durante la crisis macabea (ca. 167–164 a.C.), ofrece un contexto clave para entender la percepción de la profecía en esa época. En 1 Macabeos 9:7 se lamenta: “Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas” (Dios Habla Hoy, DHH); o, en otra traducción, “Desde los días en que dejó de haber profetas, nunca la nación de Israel había sufrido tanto” (Traducción en Lenguaje Actual, TLA). Este pasaje sugiere que, para el momento de su redacción, la colección de los Profetas ya se consideraba cerrada, lo que habría impedido la inclusión de Daniel en esta sección del canon. En cambio, Daniel fue ubicado en los Escritos, una sección que permaneció abierta hasta finales del siglo I d.C.

La teoría de la canonización en tres etapas

La ubicación de Daniel en los Escritos puede explicarse mediante la teoría de la canonización en tres etapas, popularizada por H. E. Ryle (1892). Según Ryle, el canon hebreo se formó en tres fases: el Pentateuco se cerró alrededor del 400 a.C., los Profetas hacia el 200 a.C., y los Escritos entre el 90 y 100 d.C. (Ryle, 1892, p. 93). Ryle sitúa la canonización del Pentateuco en la época de Esdras, antes del cisma entre judíos y samaritanos (ca. 432 a.C.), un punto que ha sido matizado por estudios posteriores (Sánchez Caro, 2010, pp. 19–40). Dado que la redacción final de Daniel se data en el período macabeo (167–164 a.C.), posterior al cierre de los Profetas, su inclusión en los Escritos resulta coherente con este esquema cronológico.

El sínodo de Yamnia y las discusiones rabínicas

La canonización de los Escritos se asocia tradicionalmente con el llamado sínodo de Yamnia (ca. 90 d.C.), aunque investigaciones recientes han matizado su naturaleza. Más que un sínodo formal, Yamnia fue una academia rabínica (yeshivá) que operó en el sur de la actual Tel Aviv durante unos pocos años tras la destrucción del Segundo Templo. En este contexto, los rabinos debatieron la canonicidad de ciertos libros, pero no establecieron un canon fijo. La Mishná (Iadaim 3:5) registra discusiones sobre el carácter sagrado del Cantar de los Cantares y el Eclesiastés: mientras el primero era ampliamente aceptado (no “manchaba las manos”, un criterio para determinar la santidad de un texto), el segundo generaba dudas entre los sabios (Mishná, Iadaim 3:5). Este debate indica que, para el siglo I d.C., la sección de los Escritos aún estaba en proceso de definición, lo que permitió la inclusión de Daniel.

Conclusión

La posición del Libro de Daniel en los Escritos del Canon Hebreo refleja tanto su contexto histórico de composición como las dinámicas de canonización de la Escritura hebrea. La mención de un “Daniel” en Ezequiel, probablemente una figura mitológica y no el profeta, y las referencias en 1 Macabeos a la ausencia de profetas en la época macabea, sugieren que Daniel no pudo integrarse en la colección de los Profetas, cerrada hacia el 200 a.C. La teoría de Ryle sobre la canonización en tres etapas proporciona un marco cronológico para entender esta ubicación, mientras que las discusiones en Yamnia revelan la flexibilidad del proceso de canonización en el siglo I d.C. En conjunto, estos elementos destacan la complejidad de la formación del canon hebreo y el lugar singular de Daniel dentro de él.

Referencias

  • Mishná, Iadaim 3:5.
  • Prado, J. (1943). Introducción a la Sagrada Escritura. Madrid: Editorial Razón y Fe.
  • Ryle, H. E. (1892). The Canon of the Old Testament. London: Macmillan.
  • Sánchez Caro, J. M. (2010). La Sagrada Escritura y su canon. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.





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